Carla y Maximiliano , Flores de amor y constancia

Carla Moreno pasó su primer embarazo tranquilo hasta que en la semana 32 comenzó con labores de parto, que finalizan con la llegada de Maximiliano al mundo, a través de una cesárea. El bebé nació con cierta prematurez de gestación, más en perfectas condiciones. Solo una hipoglicemia lo hizo quedar hospitalizado unos días más. En esa hospitalización, sin embargo, Maxi hizo algunas convulsiones atribuidas a esta condición de hipoglicemia. Ese día comenzó el largo camino de Carla y su marido, quienes se enfrentaron a un diagnóstico desconocido. Carla, profesora de inglés de profesión, había hecho los cursos de terapeuta floral en Sendero del Alma y lo primero que hizo fue llamar a Gabriela Riveros para contarle lo sucedido. “Gabriela me dejó más tranquila, sobretodo por el hecho que podíamos brindarle tratamiento floral desde pequeñito”, recuerda emocionada.

 

A los meses de vida, Maximiliano comenzó a evidenciar un retraso generalizado del desarrollo e hipotonía muscular y los médicos buscaban la explicación para su diagnóstico. “Una genetista me dijo que la alternativa era Teletón y se me cayó el mundo. Llegamos ahí, mirábamos alrededor y pensábamos que le estábamos quitando el cupo a alguien que podía estar necesitando un poco más que nosotros. Nos dijeron que no había problema y que Teletón era el mejor lugar en el que podíamos estar para el inicio de su rehabilitación física”,  agrega su madre.

 

Hace pocos años, la respuesta del diagnóstico de Maxi llegó desde España a través de un examen genético. Se trataba de una microduplicación en uno de los genes de Maxi, quien en la actualidad tiene 5 años.

En su calidad de terapeuta formada en Sendero del Alma, Carla entrega las flores para Maximiliano bajo la atenta supervisión de Gabriela Riveros. “Cada vez que hablaba con ella me volvía la paz. Estuve también con depresión y ella nunca me dejó sola, fui a terapias a Sendero del Alma y Maximiliano también. Le di flores desde recién nacido, desde que era chiquito. Eran flores de energía. Con el tiempo empezaron a aparecer sintomatologías disarmónicas como la ansiedad, dificultad para conciliar el sueño, entre otras. Para todo había solución. Gabriela siempre le preparó el ramillete de flores preciso”, precisa.

 

Gabriela Riveros también recuerda datos de aquellos días. “Maximiliano demostró muy tempranamente su desarrollada inteligencia emocional. Recuerdo un día que Carla se puso a llorar al borde de la cama y él la consoló diciéndole: ‘No llores, mamá’, y solo tenía tres años de edad. Lo que ha llevado a puerto a Maximiliano es la terapia floral, sobretodo la de Almascencia Cel. Maximiliano es Almascencia Cel. Él no tiene dificultades en las áreas de adaptabilidad ni de socialización. Creo que este es el primer trabajo que Almascencia Cel hizo en un ser, después de mi hijo Javier”, plantea.

 

El trabajo de Gabriela con el pequeño comenzó con terapias madurativas. “Partimos con la estimulación de su sistema nervioso central. Preparaciones como Mensajero de Luz con mielina o Sol de Amanecer, que contiene procaína cuántica, fueron fundamentales en su  maduración cognitiva. Más tarde trabajamos en los procesos madurativos de los órganos de los sentidos como también en su equilibrio porque al armonizar los neurotransmisores, el ser humano se conecta con mayor facilidad en esta habilidad. Desde lo cognitivo también estas esencias fueron trascendentes”, precisa Gabriela, para quien Maximiliano es la prueba fehaciente de lo que las flores pueden hacer en los niños.

 

“Cuando nacen los niños, viven su vida personal, en conjunto con las vivencias de su madre, ya que somos duales hasta los siete años, cuando termina el primer septenio de vida. En Maximiliano no se evidencia esta regla, pues él no manifiesta en su accionar las crisis emocionales de su mamá (cuando Carla estaba pasando por un cuadro de depresión severa)”, explica Gabriela.

 

Carla reafirma el poder de las flores. “Luego Gabriela llegó a Almascencia Cel, lo que nos permitió que las neuronas de Maxi hicieran su sinapsis. Maxi es de los pioneros en probarlas. Se las damos religiosamente y hemos visto notables resultados en él. Uno de los últimos ejemplos fue sacarlo de la guardería para que entrara a Pre Kinder. Estamos reforzando la parte emocional, además del desarrollo cognitivo”, cuenta feliz agregando que dejó la docencia para dedicarse completamente a su hijo. Adicionalmente, atiende como terapeuta floral a niños con déficit atencional o hiperactividad, algo que, dice Carla, la llena por completo.

“Creo que existen muchos seres en el mundo que tienen graves problemas de interacción con los demás, más en Maximiliano tampoco se evidenciaba esta situación, ya que él es un niño completamente sociable y con gran adaptabilidad. Él está en una permanente búsqueda y Almascencia Cel lo ayudó a desarrollar su máximo potencial”, agrega Gabriela.

 

 

 

 

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