ENTREVISTA: GABRIELA RIVEROS

“Todo lo que he hecho, ha sido en base al amor y la dignidad de las personas”

Gabriela Riveros trabaja  el año completo y no solo preparando las esencias por las cuales es reconocida en todo el territorio nacional. Por estos días tampoco hay vacaciones, puesto que se ha dedicado a viajar de norte a sur para dictar charlas y talleres con el fin de formar  nuevos terapeutas florales y acompañar a quienes ya lo son. Ya se realizaron talleres en Chillán, Santiago y Temuco y para los próximos días se espera replicar la experiencia en La Serena. La terapeuta también divide su día entre su familia y el contacto con decenas de terapeutas florales que la requieren a través de redes sociales para saludarla, pedir consejo sobre algún caso clínico o simplemente establecer ese anhelado vínculo con ella. Y Gabriela siempre contesta a todos.

 

En la casa central de Sendero del Alma, ubicada en Chillán, y de la cual Gabriela es fundadora y directora, el trabajo tampoco se detiene de la mano de un equipo multidisciplinario que se esfuerza cada día en entregar lo mejor de sí, tanto en el tratamiento floral como en otras terapias alternativas.

 

Pero Gabriela, o “Gaby” como es conocida dentro del mundo de la terapia floral, está lejos de detenerse. Hace poco menos de 30 años, y debido a una experiencia personal, se acercó a este mundo que le ofreció desinteresadamente la posibilidad de entregar esperanza, dignidad y desarrollo. Hoy, sus esfuerzos se han enfocado en devolver la mano mediante su última creación, Almascencia Cel, un sistema de esencias en gotas que contienen bases cuánticas de neurotransmisores, flores y hormonas que armonizan la química cerebral de bebés, niños, mujeres, adultos y ancianos. Sin ir más lejos, en agosto del 2016, la directora de Sendero del Alma entregó a los terapeutas de Chile las claves de estas esencias y en la actualidad son más de 800 los profesionales (del área de la salud, de la educación y terapeutas florales y terapias complementarias) que  utilizan las esencias a lo largo del país con excelentes resultados en sus pacientes de todas las edades.

 

Gaby,  matrona de profesión, conoció las flores de la mano de su hijo Javier, quien dejó este mundo en el año 2013.  Durante sus 27 años, Javier compartió con  Gabriela toda una gran experiencia de vida. Complementan el transcurrir cotidiano de Gabriela su esposo, Carlos, y sus hijos Fernanda y Matías y su nieta Catalina. Mientras Gabriela continúa preparando maletas para ir al encuentro de los terapeutas de Chile, se da un tiempo para recordar sus inicios, marcados a fuego por el recuerdo de su hijo.

 

-¿Cómo cambió tu vida tras la llegada de tu hijo Javier?

 

 Javier nació prematuro, a sus cuatro meses de vida se evidenció claramente una marcada hipotonía general que médicamente se justificaba como producto de un daño neurológico causado por una intensa ictericia al nacer. Nos dijeron además que él no iba a tener logros en lo cognitivo. La verdad es que su mirada me demostró que esto no era así, porque era muy vivaz, lo que se contraponía con una persona con daño cerebral. En su prolongado tratamiento de rehabilitación kinesiológica, mi esposo y yo aprendimos a secundar a la kinesióloga que lo atendía diariamente, y en esta entrega de amor y de perseverancia fuimos evidenciando muy buenos logros ya que en ese tiempo, yo no contaba con conocimientos respecto de las terapias complementarias que más tarde, al manejarlas, me han permitido ser un aporte importante en la vida de personas con estas características. Sin lugar a dudas, la entrega desde el amor fue fundamental. A nosotros solo nos movía el que él pudiera desarrollar al máximo sus potencialidades sin intentar cambiar su esencia.

 

 -¿A qué te aferraste en esos momentos difíciles?

 

A Dios y lo supremo de la vida. Me aferré a la convicción respecto de lo equilibrado, de lo perfecto que es el programa divino. Mi fe está en lo supremo, en lo absoluto y en la perfección del universo, en donde los seres humanos somos los que tenemos que movernos para armonizar esta vida. Dios jamás te va a encomendar tareas que vayan más allá de tus capacidades. En la vida todos los elementos con los que puedes resolver algo están. Solo tienes que permitirte verlos. Las limitaciones vienen desde uno. Siempre pensé que los niños deben nacer en un hogar y Javier nos eligió a nosotros porque sabía que lo íbamos a cuidar.

 

 -¿Cómo llegaste a las flores en ese momento de tu vida personal?

 

Javier ya era un adolescente. Nunca había oído de las Flores de Bach. Mi terapia solo se basaba en el amor y el acompañamiento, tanto en lo emocional como en lo académico. Las flores las conocí en el año 2000. Un día estaba en una sala de espera de un centro médico y me encontré con una revista que hablaba de las Flores de Bach. Primeramente lo asocié con arreglos florales, hasta ese día que llegó a mis manos esa revista llamada Aflorando, de Teresita Espinoza, del Mundo de lo Natural. La misma terapeuta a la que yo estaba esperando me prestó un libro y me lo devoré en dos horas. Me cautivó este mundo, reuní más material y compré mi primer set a Teresita. Más tarde, acudí a Patricia Carrión para que me examinara y me certificara como terapeuta floral. Ahí empecé a darle flores a Javier. Paralelamente conocí la medicina cuántica, la cual me mostró a través de una máquina de avanzada tecnología, la necesidad de regular la dopamina en su organismo.

 

-¿Cómo llegaste a Almascencia Cel?

 

Llego a través de darme cuenta de la importancia que tenía el regular los neurotransmisores en el cerebro de mi hijo, y con ello ayudarlo a una mayor estabilidad para el control de impulsos. Ya en ese entonces, (2004), compro en Europa una  máquina de última generación de medicina cuántica, replicando en ella las frecuencias cuánticas de los neurotransmisores para luego ponerlos en el agua. Estas aguas en un comienzo las compartía con otros terapeutas. En 2015 tuve intenciones de entregarlo a la comunidad terapéutica, hecho que se concretó en el 2016, donde a estas frecuencias cuánticas de neurotransmisores  agregué esencias florales y elíxires de gemas.

 

-¿Puedes explicar el proceso paso a paso?

 

 Preparo un agua con el neurotransmisor específico. A ello le agrego frecuencia de energías de flores y gemas que emulan el accionar del neurotransmisor. A esta agua le introduzco la frecuencia vibracional del glifo de la fórmula química del neurotransmisor, que ha sido tallado en cuarzo blanco. En un momento preciso, en condiciones lunares óptimas, realizo la consagración del preparado, oportunidad en la que pido a los elementales que habitan los reinos de los cuatro elementos que intercedan para consolidar el propósito mayor de este preparado. Luego, le otorgo mi bendición para que vaya a cumplir la función específica que tiene como misión. Esta alquimia la realizo en los jardines de los Sendero del Alma de Chillán.

 

-¿Qué persigue Almascencia Cel?

 

La dignificación del ser. Como vivimos en un mundo que anhela lo perfecto, es importante poder mirar con dignidad las distintas capacidades de los seres humanos, ayudarlos a encontrarse con sus dones y el desarrollo de sus máximas capacidades. Almascencia Cel hace un aporte valiosísimo a la estabilidad del cerebro y a  la estabilidad hormonal del ser humano y con este logro se produce la armonía emocional. Esto conlleva  la recuperación de la dignidad de las personas, pues dentro de la neurología y  la psiquiatría, es donde está la mayor pérdida de ella. Ese es mi trabajo y siempre he apuntado para ese camino.

 

 

 

 

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